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En toda la consternación que ha producido el ataque en Caquetá, debemos también mirar de dónde proceden las víctimas.
Porque una característica de la demencial guerra que la oligarquía colombiana y el imperio estadounidense desataron en 1964 contra 48 campesinos, es que siempre las víctimas son de un solo lado. Sean militares, narcoparamilitares y policías o guerrilleros.
Son los hijos del pueblo los que sufren la guerra. No son los señoritos de Bogotá o Medellín quienes mueren en el frente de batalla. No son los hijos del hoy presidente JM Santos los muertos y, por el contrario, ellos disfrutan la ”seguridad” que les brindan los helicópteros artillados del ejército para sus paseos en sus fincas de recreo de Anapoima. Tampoco son los hijos del hoy ex-presidente Uribhitler, quienes si usufructúan la influencia del padre para embolsillarse 30 mil millones de pesos en negocios fraudulentos en la Zona Franca de Mosquera. Tampoco los hijos de los ministros...
Tampoco ninguno de los muertos en Caquetá, o en Ábrego, o en Cauca, son apellidos oligárquicos porque ellos se cuidan muy bien de enviar a sus hijos a la guerra. Es que la guerra es atroz y para que enfrenten las atrocidades de la guerra ahí tienen a los hijos de Pedro Pueblo. Atrocidades que siempre y en últimas se realizan en los hijos del pueblo.
Mucho menos iría un señorito Riverita, o un JM, o un Pardo Rueda, o un Vargas-Lleras, o un Gaviria -de los malos y de los requetemalos-, o un ”Juan Oligarquito”.
La pregunta es: Si la guerra la adelanta la oligarquía y el imperio gringo contra el pueblo, por qué usan al pueblo para que mate al pueblo? Por qué no envían a sus hijos o van ellos?
Y es tal la cobardía de la oligarquía que ponen el grito en el cielo porque las FARC realizan sus acciones, pero ”olvidan” que la misma semana presentaron un documental en el que mostraban la fuerza de tarea Omega que iba y va ”tras las huellas de Cano”. Como así que ellos pueden soltar su jauría en tanto las FARC debe esperar calladitos y aterrorizados que vengan a matarlos? O, acaso, los soldados del ejército van con claveles en los fusiles? No, no. Ellos van es a ”matar guerrilleros”. Y nosotros sabemos en Colombia que ”matar guerrilleros” es matar todo lo que se les atraviese en el camino. O, acaso, no vieron el estado en que quedó el cuerpo de Raúl Reyes, después de los 6 bombazos que les metió la Aviación en Angostura? No es eso "atrocidad"?
No hay que ser cínico. Si bien en la guerra las armas más efectivas son las armas sucias, no se debe lloriquear con lágrimas de cocodrilo la muerte de los ”propios”. Hay que asumir las muertes de los propios como parte de la guerra que ellos mismo declararon y que declaran cada vez que tienen oportunidad. Apenas se había secado la tinta del discurso de posesión de JM Santos y ya el señorito Riverita -mindefensa- estaba diciendo que ”los diálogos no están en la agenda del gobierno”. Entonces...? Si lo que quieren es guerra ahí tienen su guerra, señores. Si lo que quieren es guerra, ahí tienen una muestra del significado de la guerra que ustedes decretan!
Hoy las familias del pueblo lloran a los militares y policías muertos en Caquetá y Ábrego. Como las lloran todos los días cuando son devueltos los cadáveres de la fuerza pública. Ningún hogar oligárquico está de luto. Ellos, las hienas, los halcones de la guerra, están pensando en cómo seguir enviando hijos del pueblo para que los defiendan.
Señor Presidente, en sus manos está detener ésta guerra fratricida decretada por ustedes. Porque la guerra que decretó un hijo de la oligarquía -Guillermo León Valencia-, está ”dando sus frutos”, le exigimos que pare el derramamiento de sangre. Ustedes declaran la guerra. Ustedes deben declarar el inicio de diálogos para la salida política porque ya estamos viendo lo que trae la ”salida militar”. Acabemos entre todos los colombianos ésta guerra sucia y fratricida. Nadie debe siquiera tener el mínimo pensamiento de que va a vencer en ésta guerra. 60 años, o 46, son más que suficientes. Más de medio siglo declarando la guerra son más que suficientes para entender que no pueden vencer un pueblo cuando éste está decidido a defender su vida, paradójicamente, con las maquinas de muerte en las manos.
Cambiemos esas máquinas de muerte por las máquinas de vida, por las máquinas de hacer la política algo civilizado. El camino de guerra que ustedes trazan está condenado al fracaso.
/alp



Editorial


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